jueves, 13 de septiembre de 2007

LA CONCIENCIA COTIDIANA

A los hombres nos repugna aceptar públicamente las debilidades y buscamos, pèrmanetemente, un retrato mentido de nuestra imagen. Los discursos, las novelas, las letras de la canciones sensibleras y hasta las emocionante plenitud de los epitafios, coronan de beatífico halo nuestras conductas.
Porque estamos situados en el plano de las verdades oficiales nos resulta muy difícil indignanrnos ante la menor sospecha de egoísmo, vanidad, cobardía o traición; pero basta que nos demuestren una discreta complicidad para aceptar en privado que nuestras convicciones sólo respetan el interés personal.
La generosidad es considerada apenas como una conmovedora ilusión de juventud o una locura culpable. En cuanto al amor, o la amistad, a la fraternidad......., no tienen cabida en una escala de valores donde se acepta con idulgencia la codicia, la envidia, la calumnia y la mentira, creyendo que la naturaleza humana no va a cambiar jamás.
La crisis quwe padecemos como hijos de este tiempo responde a que ya no creemos en los principios de los que alardea una virtud pasada de moda. Estamos a mitad de camino entre el ángel y la bestia inmersos en las trampas del lenguaje, de la cortesía, de la decencia y de la rutina. Sólo debemos cuidar el peligroso equilibrio para no delatarnos.
Es el momento de formular expresamente una moral en la que sí creamos yendo hasta el fondo de las consecuencias; de tomar conciencia de nuestro dominio de hombres, asumiendo la acción- en su plenitud- sin buscar justificaciones en la mentira.
Es el momento de evolucionar hacia una humanidad que actualice sus valores, barriendo con la impotencia de sus predicamentos huecos, para recuperar la paz y la confianza en el mañana.
Hasta el próximo encuentro.

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